RUTA A LA LAGUNA DE LA NAVA (GREDOS)

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Madrugamos y viajamos hacia la sierra de Gredos, primero por la A66, dirección Béjar, y cuando estamos casi llegando, nos desviamos hacia el puerto de la Hoya, por el que se accede a la carretera de subida a la estación de esquí de La Covatilla.

Una vez coronado dicho puerto enseguida entramos en la provincia de Ávila, y pasamos por Becedas, Navatejares y Barco de Ávila, donde giramos hacia la derecha, en dirección a Nava del Barco. A la salida del pueblo estacionamos el coche en un pequeño aparca-miento, preparamos las mochilas con la bebida y la comida y por fin comenzamos la ruta.

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Es un recorrido en constante ascenso, primero por una pista forestal durante unos 3kms. y después por unos prados con vacas donde debemos seguir los hitos de piedras que nos marcan el camino. Por aquí ya estamos entrando en la garganta de la Nava. Según vamos ascendiendo pasamos junto a un par de refugios de montaña y seguidamente nos metemos de lleno en un pedregal, donde el paso se complica aún más, y nos toca ir sorteando las incontables piedras, eso sí, sin perder de vista los hitos que nos marcan el camino.IMG-20160804-WA0002

Aparecen a nuestra vista las primeras cabras hispánicas, que se desenvuelven por el terreno a las mil maravillas. El sonido del agua es constante, resbalando por los cortantes y las hendiduras de rocas, lo que hace que se formen cascadas y pequeñas pozas, que invitan al baño. Llegamos a una gran roca que contiene en su parte más elevada un pequeño altar incrustado aunque desprovisto de cualquier santo o virgen.

Desde este punto, el camino se pone empinado de verdad, serpenteando por la ladIMG-20160804-WA0006era izquierda de la garganta, vamos ganando altura por un sende-ro empe-drado.

Llegar hasta la laguna nos lleva unas cuatro horas, contando las pertinentes paradas para descansar y beber un trago. Allí arriba, a unos 2000 mts de altitud sólo se respira paz. Es un lugar espectacular. La laguna es de origen glaciar, y allá por los años sesenta la gente del pueblo construyó tanto el camino empedrado de subida como una gran pared, a modo de presa, con la finalidad de que tuvieran mayor suministro de agua en los meses de verano y pudieran regar sus huertas. El agua, cristalina, de color azul verde turquesa invitaba al baño, pero nos conformamos con meter nuestros doloridos pies y así poder relajarlos.

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Seguidamente comimos, no mucho por cierto, apenas teníamos hambre, y nos sentamos al cobijo de la sombra de las imponentes paredes que cierran la garganta. El rato pasó rápidamente y ya tocaba descender, por lo que hicimos unas cuántas fotos más y para abajo.

IMG-20160804-WA0004 El camino de regreso lo hicimos, contando paradas, en unas tres horas y media. Llegamos por fin al coche. Fueron en total once horas que bien merecen la pena. Es una ruta preciosa y muy recomendable. Eso sí, para hacer con mucha paciencia e ir bien provistos sobre todo de agua, aunque en último extremo la de la laguna y los torrentes se puede beber, según nos dijo el guarda forestal de la zona.

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